Monday, March 24, 2008

Keyla

Después de 9 meses, palabrería de familiares, empacar cosas, hacer muchos viajes, buscar una casa, ahorrar, comer y vomitar, sustos por falta y exceso de movimiento, el 16 de marzo del presente año, al fin se dignó a darnos la cara y cambiárnosla de manera radical, mi bella sobrina Keyla Alcázar López.

En realidad la pude conocer hasta el 17 de marzo, ya que mi prima Ana (tía del bodoquito recién nacido) argumentó que nos llamó a mi hermana, mi novio y a mi al celular y nadie contestaba, que marcaba como "llamada transferida al buzón". El lunes a primera hora nos dimos a la tarea de salir de casa para ver a esa niña que resultó ser hermosa, greñuda, cachetona y con unos ojos tan bonitos como los de su papá (Chuy), aunque se parece muchísimo a mi prima Chela.

Las abuelas de la niña no estaban en la ciudad cuando a ella se le ocurrió nacer, ambas estaban (por su parte claro) en Talpa; mi tía llegó alrededor del medio día, y la mamá de Chuy parecería que iba a llegar hasta la media noche. Mi tío estuvo presente en "episodios", o sea que iba y venía de ratos a darle sus vueltas a Chela y a la niña.
Mi hermana cuando la cargó tenía cara de niña en dulcería sin límite de crédito, la vi, le volví a ver, y la miré... esa imagen me llevó a un utópico lugar del que muchos sabemos pero que pocos experimentamos, y me la imaginé 3 años atrás, con la extraña sonrisa en la memoria de lo que "hubiera podido ser"...
Yo tenía miedo de cargar a Keyla, se me hacía tan pequeñita y frágil, que temía que se me cayera de las manos y su madre me odiara por siempre, pero me animé a hacerlo mientras estaba sentada junto a Mayra (mi otra prima y tía de la susodicha por cierto) y mi hermana en el sillón café de la habitación.
Verla dormir tan plácidamente arropada por su cobija de Pooh, su cabello despeinado y en demasía, y de cuando en cuando renegando por pesadillas, me hizo sentirme como en una conexión paralela a mi otro yo, el que alguna vez pensó en tener un pequeño ser de nombre Romeo en ese mismo sitio, pero en un tiempo diferente...

Ojalá esta imagen durara por siempre... cuya inocencia me hace tener ganas de llorar y al mismo tiempo, sentirme orgullosa de que está al fin, entre nosotros para malcriarla, consentirla y dejarle lo que consideramos mejor para su futuro...

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